Edición 905| La crisis de los TES y las implicaciones de la normalización monetaria en Estados Unidos

Las mejores perspectivas económicas de los Estados Unidos (EU) motivaron a la Reserva Federal (Fed) a preparar a los mercados para un cambio en su estrategia monetaria. Los últimos pronunciamientos de sus miembros generaron en los mercados las expectativas de una disminución inminente del relajamiento cuantitativo (QE) implementado desde 2008. La proximidad de su retiro paulatino, que fue interpretado como un drenaje de la liquidez en USD en los mercados internacionales, originó una recomposición global en los portafolios de los inversionistas. El cambio desvalorizó la renta fija y la variable alrededor del mundo, fortaleció el USD y desmejoró el riesgo emergente. Un retorno de los flujos de portafolio hacia los EU –y otras economías avanzadas–, motivado por las expectativas sobre el desvanecimiento del QE, puede deteriorar las perspectivas de crecimiento de las economías emergentes.

En Colombia el remezón financiero se ha sentido de manera intensa en los mercados de activos durante los dos últimos meses. Durante este período la tasa de interés en el mercado secundario de los TES con vencimiento en 2024 aumentó 202 puntos básicos, la TRM se depreció 6,1% y el IGBC disminuyó 4,6%. Hasta el momento el efecto más preocupante son las cuantiosas pérdidas del sistema financiero, que pueden ascender a COP 11 billones (equivalentes a 1,6% del PIB), dentro de las cuales las mayores corresponden a los fondos de pensiones (COP 3,1 billones), a los bancos (COP 2,4 billones), a las fiducias públicas (COP 1,9 billones) y a otras entidades públicas (COP 0,82 billones).

La volatilidad de los precios de los activos en el corto plazo es indeseable porque puede ocasionar cuantiosas pérdidas a sus propietarios, con efectos adversos sobre la demanda. Sin duda ésta persistirá, alimentada por las decisiones y los pronunciamientos de la Fed, así como por las noticias sobre el comportamiento de la economía de EU y de otras de importancia sistémica, como la Unión Europea y los BRICS. La volatilidad podría en alguna medida dificultar la aceleración de la actividad económica que se predice para el segundo semestre del año en curso. Las mayores tasas de interés de la deuda pública en el mercado secundario encarecen la financiación del Gobierno en el primario. También pueden tener el efecto de obstaculizar el flujo deseado de crédito para vivienda y de encarecerlo. Esto entorpecería la buena marcha de los programas gubernamentales en este sector, disminuyendo su efecto multiplicador sobre la actividad y el empleo. Además, la volatilidad puede minar la confianza de los agentes y generar incertidumbre. Los fundamentales fiscales y macroeconómicos de Colombia lucen fuertes en las proyecciones, pero son vulnerables al deterioro del entorno internacional y de la actividad doméstica. Las instituciones económicas que tenemos permiten evitar su deterioro, porque proveen los instrumentos adecuados y el marco apropiado para diseñar las políticas pertinentes. De la disciplina de las autoridades depende entonces que no se debiliten.

Con unos flujos externos menos caudalosos en el futuro, la estrategia de crecimiento tendrá que basarse en la mejora permanente de la productividad y la competitividad de la economía, como ha recalcado en nuestros foros el Gerente del Banco de la República.

 

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