Edición 875 | Mitigar el riesgo de fraude es un desafío para las autoridades, la banca y los usuarios

La tipología del fraude que afecta al sector bancario y a sus clientes va desde el fleteo y el taquillazo hasta complejos delitos informáticos. Cualquiera que sea la modalidad, las investigaciones han demostrado que detrás del acto delictivo se encuentran complejas estructuras delincuenciales, cuya principal motivación es apoderarse de los recursos de la víctima.

Las estrategias de mitigación del riesgo de fraude deben estar centradas en la implementación de herramientas y medidas de control, el cambio en el comportamiento por parte de los clientes y usuarios, el trabajo conjunto de todos los actores y el fortalecimiento de las labores de investigación y judicialización.

En cuanto a la primera estrategia, los bancos trabajan continuamente en la investigación, desarrollo e implementación de nuevas herramientas y procedimientos que mejoren la autenticación de los usuarios y que contribuyan a la prevención del fraude. Sin embargo, debido a que las herramientas de mitigación tienen unos costos importantes y que en ocasiones hacen más complejo el proceso de realizar una operación financiera, el reto más importante está centrado en lograr un equilibrio entre la ampliación y profundización de las transacciones financieras y las medidas para fortalecer la seguridad en ellas.

Frente a las costumbres seguras, es importante que los ciudadanos entiendan que la utilización de medios de pago o de canales ofrecidos por los bancos, requiere un cuidado especial por parte del cliente. Esto es un asunto de corresponsabilidad.

Por otra parte, se necesita un trabajo articulado entre los actores. Aun cuando en el imaginario colectivo una transacción financiera depende exclusivamente de la entidad bancaria, en la realidad están involucrados varios actores. Sin duda, cada uno desde su lugar puede aportar en la implementación de acciones para mitigar el riesgo de fraude. Surge la necesidad de coordinar mesas interinstitucionales con los reguladores y los actores involucrados para ayudar en el diseño y ejecución de acciones adecuadas para enfrentar los desafíos en el origen y la materialización del fraude financiero.

Por último, es imperativo avanzar en el fortalecimiento de las acciones judiciales en contra de los delincuentes que están detrás de las defraudaciones a la banca y sus clientes. La sanción eficiente por parte de la justicia es necesaria para desestimular la aparición de más delincuencia alrededor de estas modalidades. Mientras no existan castigos ejemplares, el potencial delincuente no va a percibir suficientes riesgos para desistir de realizar la acción ilegal.

 

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