Edición 1118| Estado actual y perspectivas del financiamiento rural

• A lo largo de las últimas décadas, la agricultura ha venido perdiendo participación de manera sistemática y acelerada dentro de la actividad económica global. Según estadísticas del Banco Mundial, mientras en 1995 el valor agregado generado en el sector agrícola representaba cerca del 8% del PIB mundial, en 2005 dicha participación se redujo al 4,4% y en la actualidad apenas supera el 3,8%. En Colombia, incluso, la tendencia es más marcada. La participación del sector dentro del PIB total pasó del 15% en 1995 al 7,1% en la actualidad.

• En línea con la pérdida de participación del sector agrícola dentro del PIB, la cartera agropecuaria se ha mantenido notablemente rezagada con respecto a la cartera total del país y su avance en el tiempo ha sido mucho menos dinámico. En efecto, mientras la profundización de la cartera total ha aumentado cerca de 14 puntos porcentuales (pp) en el último lustro, la profundización de la cartera agropecuaria apenas lo ha hecho en 4 pp, lo que demuestra el rezago en la colocación de dicha modalidad.

• El análisis de los riesgos agropecuarios es de vital importancia, pues su materialización tiene efectos desfavorables no solo en términos de la calidad y cantidad de producción agrícola o del precio de los bienes y servicios, sino que también incide sobre los ingresos del productor y la rentabilidad del negocio. Este hecho tiene a su vez efectos nocivos sobre la capacidad de endeudamiento de las personas, el pago de sus obligaciones vigentes y el acceso a nuevos productos y servicios dentro del sistema financiero.

• Lograr un desarrollo rural sostenible requiere, entre otras cosas: (i) la adopción de un sistema de garantías que facilite el acceso de la economía campesina al crédito agropecuario, (ii) la promoción del aseguramiento rural, (iii) el fortalecimiento de la educación financiera y el fomento de la cultura del manejo integral del riesgo, (iv) la provisión de recursos de capital semilla que permitan el inicio de proyectos productivos, entre otras medidas. Solo así, con un sector rural altamente competitivo, con mayor generación de valor agregado y con mayores niveles de tecnificación y productividad, el campo se podrá consolidar como un motor de desarrollo económico y social del país.

 

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