Edición 746 | El problema de las pensiones en Colombia

Colombia tiene un sistema de pensiones dual. Coexisten un régimen de prima media (RPM) público y otro de ahorro individual (RAI) privado. En el RPM las cotizaciones de los jóvenes pagan las pensiones de los viejos. En el RAI cada individuo ahorra en su juventud para pagar las pensiones de su vejez. La introducción del RAI desfinanció al RPM. El agotamiento de las reservas del ISS, la quiebra del ISS y la imposibilidad de aumentar el porcentaje de cotización (hasta 16,5%), elevaron los gastos en pensiones e incrementaron el valor presente del déficit en el RPM. Los beneficios que otorga el RPM tienden a ser sustancialmente mayores a los que proporciona el mercado.

Uno de los principales inconvenientes del sistema de pensiones en Colombia es su baja cobertura. Ésta no podrá ampliarse de manera financieramente sostenible, sin incurrir en un oneroso costo fiscal, mientras persista una alta informalidad laboral. Para reducirla se requiere flexibilizar el mercado de trabajo, reducir sus elevados costos salariales y no salariales, permitir ajustes del salario mínimo de acuerdo con la coyuntura económica y la productividad del trabajo, y eliminar el sesgo tributario que encarece la mano de obra respecto del capital.

Las pensiones no deberían continuar atadas al salario mínimo, ya que para aquellos con ingresos bajos, cotizar con base en él resulta excesivo y disminuye la probabilidad de que el cotizante cumpla las condiciones para pensionarse. Atar la pensión mínima al salario mínimo impide estimar adecuadamente las mesadas esperadas que tendrán que cancelarse a más de 60% de la población. Además, en las pensiones por invalidez y sobrevivencia el porcentaje cotizado no corresponde al capital requerido para atender un siniestro, en el cual se debe garantizar la mesada de un mínimo.

Considerando que el valor presente del déficit en pensiones es alto, se recomienda ajustar las tasas de reemplazo, igualar la edad mínima de jubilación a 65 años y ajustar los parámetros de acuerdo con los cambios demográficos -especialmente con la esperanza de vida-. También se aconseja que los cotizantes de ingresos bajos no contribuyan al fondo de pensión mínima, pues terminan subsidiando a otros que tienen mayor estabilidad laboral.

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