Edición 923 | Aumentar la productividad de la economía requiere mejorar la educación

La educación es uno de los pilares de la competitividad de las naciones. Por esta razón es un instrumento para acelerar el crecimiento económico y para mejorar el bienestar de la población. Por medio de ella las economías acumulan una parte del capital humano, constituida por el acervo de conocimiento de los trabajadores. La otra parte, que corresponde a su destreza, la adquieren en el ejercicio del trabajo. Entre más alta sea la dotación de conocimiento del trabajador, mayor será su capacidad para adquirir habilidades en sus labores diarias. Por este motivo, la educación es uno de los determinantes más importantes de la productividad del trabajo y, a través de ella, de la retribución que recibe este factor. De esta manera, la educación define las oportunidades laborales y acota los salarios de los trabajadores. Por tanto, puede ser un medio eficaz para impulsar la movilidad social. Además, a través del acervo de conocimiento que almacena e imparte a los miembros de la sociedad, la educación también constituye un insumo fundamental para la innovación y el progreso tecnológico, que incrementan la productividad. La educación, en consecuencia, puede ayudar a reducir la pobreza, porque está en capacidad de acelerar el crecimiento y de hacer más equitativa la distribución del ingreso. Con el propósito de que sea un vehículo eficaz para la expansión de las economías y un medio para promover el progreso social, la educación debe ser de óptima calidad y toda la población debe tener igualdad de oportunidades para acceder a ella.

De manera desafortunada, una brecha amplia separa la cobertura y la calidad de la educación en Colombia de las que tiene en los países más desarrollados. Esto ha incidido en que el país no haya podido crear episodios sostenidos de incremento de su productividad durante las dos últimas décadas. Además, el acceso a ella no es equitativo entre los estratos socioeconómicos de la población, ni entre la ciudad y el campo, ni tampoco entre las regiones del país. De modo que entre nosotros la educación se convirtió en una fuente de desigualdad.

Por estos motivos es urgente que el país persista en ampliar su cobertura, en mejorar su calidad y en distribuirla de forma equitativa. Para ello es indispensable captar en la docencia lo mejor de su talento humano, llevar a la excelencia académica los programas universitarios mediante los cuales forma a sus profesores e incentivarlos para que enseñen en todos los lugares del territorio nacional. El prestigio social y la remuneración de esta profesión deben, en consecuencia, incrementarse de acuerdo con el capital humano que posean los maestros y con los resultados que obtengan en su labor.

El nuevo estatuto docente constituyó un primer paso acertado en esta dirección, que debe afirmarse y prolongarse con una profunda reforma que aumente el capital humano de los docentes, los incentive para alcanzar la excelencia académica y premie sus buenos resultados e incluso castigue los malos. Aquí no se puede recular. El bienestar de nuestra población y la viabilidad de nuestra sociedad dependen de la firmeza y la constancia de las estrategias públicas en este campo. Estas deben, por tanto, convertirse en políticas de Estado.

 

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Edición 922 | El premio Nobel de Economía y la eventualidad de una burbuja en el mercado de vivienda

En la pasada Convención Bancaria el Profesor Robert Shiller, galardonado la semana pasada con el Premio Nobel de Economía, sostuvo que las burbujas –o aumentos exagerados de los precios de los activos– son un reflejo de cómo las personas interpretan los sucesos de los mercados y de las expectativas que tienen sobre lo que va a suceder en el futuro. Por eso, en su opinión, las burbujas son “profecías autocumplidas” sobre la expectativa de un alza sostenida de los precios. La formación de burbujas en los mercados de la vivienda fue posible, en su criterio, por un cambio en la mentalidad colectiva en las economías modernas, que transformó la vivienda en un vehículo rentable de inversión. Esta evolución fue alentada por la creciente demanda de los inversionistas, que surgió de la creencia de que los precios se sostendrán al alza, impulsados por el crecimiento económico, en la medida en que disminuyen las tierras aptas para la construcción.

En Colombia los precios reales de la vivienda están en máximos históricos, después de un auge prolongado durante la última década. Sin embargo, no están desalineados de sus determinantes estructurales. Por esta razón es difícil comprobar la existencia de una burbuja en este mercado. Es cierto que durante este período los precios de la vivienda aumentaron más rápido que los costos de la construcción, pero también menos que el valor del suelo apto para construir. En la medida en que un mayor ingreso promedio de la población elevó la demanda por vivienda, la escasez de tierra acondicionada para edificar dentro del perímetro urbano incrementó su valor. El aumento del costo del suelo constituye, por tanto, el factor fundamental que hizo subir de manera acelerada los precios de la vivienda en el país. Por eso no puede hablarse con certeza de la presencia de una burbuja en el mercado nacional de la vivienda, sobre todo si se tiene en cuenta que su rentabilidad como activo –el porcentaje entre el arriendo y el precio– disminuyó durante el auge.

Como el déficit cuantitativo de vivienda en Colombia es alto (12,4%), para reducirlo es indispensable que las autoridades se concentren en crear las condiciones para que la oferta de suelo apto para construir en el perímetro urbano se incremente al mismo ritmo que la demanda, que aumentó tanto por el mayor ingreso promedio de la población, como por el subsidio a la tasa de interés de los créditos hipotecarios. De otra manera, el exceso de demanda por vivienda seguirá presionando sus precios al alza, con lo cual se corre el riesgo de estimular la formación de una burbuja, todavía inexistente.

 

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Edición 921 | Colombia necesita aumentar su productividad para sostener el crecimiento

Durante la última década el desarrollo económico de Colombia, como el de otros países emergentes se aceleró gracias a los altos precios de los productos de exportación, las bajas tasas de interés mundiales y unos abundantes flujos de capital. En la coyuntura actual ese entorno externo empieza a desmejorar. Con la desaceleración de los países emergentes más grandes, se afirma una tendencia a la baja de los precios de los productos primarios. Debido a las expectativas sobre la normalización de la política monetaria en los Estados Unidos, los excesos de liquidez en los mercados internacionales amenazan secarse. La inminencia de una extinción gradual de la expansión cuantitativa en esa economía aumentó la pendiente de las curvas de rendimientos alrededor del mundo, con lo cual encareció la financiación de largo plazo, en una tendencia que podría prolongarse al materializarse ese peligro. Por último, una mayor aversión global al riesgo desvalorizó los activos denominados en las monedas emergentes y podría agravar este efecto riqueza negativo en estas economías.

Ante el desvanecimiento de los impulsos externos, las economías emergentes deben incrementar su productividad, para sostener su crecimiento económico. La mayor productividad les permitió a algunas de ellas alcanzar altas tasas de crecimiento sostenido por largos períodos y diversificar su oferta de bienes transables. Esta diversificación hizo posible que se integraran a cadenas globales y regionales de producción, que estimularon su expansión. Con excepción de Costa Rica y México, las economías latinoamericanas no tuvieron éxito en la diversificación de su producción, porque fueron incapaces de generar en la última década incrementos sostenidos de la productividad, que les permitieran estrechar la brecha que las separa en este aspecto de las más avanzadas y de otras emergentes que diversificaron las suyas. La baja productividad le resta competitividad a su oferta de bienes comercializables en los mercados domésticos y en los internacionales.

Para estar en capacidad de crear episodios sostenidos de incremento de su productividad, que los conduzcan a una transformación estructural de su producción de bienes transables, en la cual disminuya el protagonismo de los productos primarios y los recursos naturales, en favor de los más sofisticados de media y de alta tecnología, los países latinoamericanos deben mejorar la competitividad de sus economías.

Para aumentar su competitividad, de manera que se incremente la productividad y ésta contribuya a la diversificación de su producción, Colombia debe mejorar la calidad de la educación, hacer más eficiente y flexible su mercado laboral, profundizar y ampliar el acceso a sus mercados financieros, ensanchar sus mercados externos, conseguir un funcionamiento más eficiente de sus mercados domésticos, aumentar la habilidad para aprovechar, adaptar e incorporar tecnología avanzada y mejorar la calidad y ampliar la cobertura de su infraestructura vial. También requiere lograr una gestión estatal más eficiente, que reduzca la criminalidad y la corrupción, que asegure el cumplimiento de los contratos e impida la malversación y la dilapidación de los recursos públicos. Solo de esta manera, el país podrá acelerar su crecimiento económico, para continuar disminuyendo el desempleo y la pobreza, con el fin de aumentar el bienestar de su población.

 

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Edición 920 | La internacionalización de la banca y los retos de supervisión consolidada

Uno de los aspectos fundamentales que ha marcado la dinámica reciente del sector bancario ha sido su proceso de internacionalización. En principio, esto se dio a través de participaciones en entidades que no eran netamente financieras. No obstante, a partir de 2007, se dio una incursión directa mediante la adquisición de entidades financieras en otros países de la región. En la actualidad la banca colombiana participa con el 14,5% de los activos bancarios en Centroamérica y el 11,6% en Panamá.

Lo anterior ha implicado la conformación de conglomerados financieros de mayor tamaño, en los que la incorporación de operaciones en distintos sectores y jurisdicciones representa nuevos y grandes desafíos y retos.

Al respecto, en recientes declaraciones, las autoridades manifestaron que vienen adelantando una serie de iniciativas relacionadas con la supervisión consolidada de conglomerados, especialmente de aquellos que cuentan con subordinadas en el exterior.

El Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP) mencionó que está trabajando en un proyecto de ley sobre conglomerados que será radicado próximamente, y con el que principalmente se busca ampliar las capacidades y facultades de la Superintendencia Financiera de Colombia (SFC) frente a los conglomerados financieros y establecer un periodo de permanencia fijo para el superintendente.

Por su parte, la Superintendencia también viene adelantando un análisis con el fin de estructurar un modelo de supervisión consolidada y transfronteriza. Para este fin, ha mencionado que el modelo que estructure se va a basar en los siguientes cuatro pilares: (i) gestión integral de riesgos, (ii) requerimientos prudenciales, (iii) cooperación e intercambio de información y (iv) protocolos de crisis transfronterizas.

Cualquiera de estos temas tiene enorme trascendencia para el futuro de la industria, por lo que consideramos del mayor interés hacerle seguimiento a su desarrollo.

 

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