Edición 914 | Internacionalización y competitividad financiera – Discurso de instalación del XII Congreso de Derecho Financiero

En los últimos años nuestra banca ha tenido desarrollos destacables. Se ha fortalecido internamente, ha reducido los márgenes de intermediación y los costos de los servicios y ha hecho considerables inversiones y avances en inclusión financiera. Se ha internacionalizado, gracias al renovado interés de bancos extranjeros de entrar a nuestro país y a la toma de posiciones importantes en otros mercados por parte de bancos colombianos.

Es interesante preguntarse qué se necesita para continuar avanzando en esa dirección. A nuestro juicio, la regulación juega un papel fundamental para promover o inhibir el desarrollo del sistema financiero. No puede ser casual que Londres, Nueva York, Hong Kong y Singapur, los cuatro principales centros financieros del mundo según The Global Financial Services Index, sean herederos de una tradición regulatoria anglosajona y favorable al libre mercado. El caso de Londres es probablemente el más interesante. ¿Cómo hace esta ciudad para mantenerse en el tope de la clasificación cuando ya no está a la cabeza de la economía más grande del planeta ni en el centro del comercio internacional? La respuesta parece ser una activa gestión regulatoria para garantizar y promover su competitividad como centro financiero.

En Colombia, en cambio, pocos piensan que el sistema financiero debe ser promovido. Sin lugar a dudas, para aumentar la competitividad de nuestro país es necesario promover la industria financiera. Para este fin, los sectores público y privado necesitan trabajar de manera concertada, para consolidar los avances regulatorios y conjurar las amenazas de grandes retrocesos.

Entre estos avances regulatorios se encuentran el fortalecimiento de las normas que promueven la competencia en los mercados, la aproximación que viene dándose de la tasa de interés bancaria corriente a la tasa de mercado para efectos del cálculo de la tasa de usura, la entrada en vigencia del nuevo cálculo de solvencia, el desmonte gradual del 4 x mil (GMF) desde enero de 2014 y la expedición de la Ley 1676 de 2013 sobre garantías mobiliarias.

Dentro de las amenazas se resaltan el proyecto de ley que elimina el cobro de la cuota de manejo y de las seis primeras transacciones en las cuentas de ahorro de quienes tengan ingresos iguales o inferiores a 3 SMLMV y el que impone porcentajes obligatorios de colocación de microcrédito. Estos proyectos vulneran el derecho a la libertad de empresa y a la libre competencia y desincentivan la inversión en el sector financiero y la llegada de nuevos jugadores internacionales, afectando en últimas a quien pretende proteger: al consumidor financiero.

Por tanto, creemos en la importancia de enviar señales de confianza a los mercados y adecuar la normatividad económica al logro de una economía más competitiva. Para ello esperamos que el legislador y el gobierno tomen decisiones basadas en el modelo económico que Colombia ha decidido seguir desde la Constitución de 1991.

 

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Edición 913 | ¿Es sostenible la cuenta corriente?

Como consecuencia de un exceso de demanda interna, el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos de Colombia se profundizó durante la última década. El desbalance se pudo financiar con un influjo de pasivos externos, sobre todo de inversión extranjera directa. Esta llegó con preponderancia al sector minero y de hidrocarburos. El superávit de este sector fue una importante fuente de financiación del déficit del resto de la economía en este período. La acumulación de pasivos fue de tal magnitud que incluso permitió acopiar un acervo de activos externos, incluyendo un abundante saldo de reservas internacionales. Su monto actual, complementado por el acceso inmediato a la línea de crédito flexible del Fondo Monetario Internacional, luce suficiente para atender la demanda por divisas originada por un choque externo muy fuerte.

En el último lustro también aumentó el valor de los flujos de inversión extranjera de portafolio. La mayor proporción de estos recursos de corto plazo y del superávit minero y de hidrocarburos en la financiación del déficit en la cuenta corriente pueden constituir, de manera eventual, riesgos para la estabilidad macroeconómica en la coyuntura actual, por la fragilidad del entorno internacional. Aunque la brecha de sostenibilidad entre el déficit en la cuenta corriente observado y el óptimo no es amplia, en estas circunstancias puede incrementarse de manera repentina. Por una parte, una desaceleración mundial prolongada entraña el peligro de ocasionar un descenso en los precios de las materias primas y de reducir el superávit de ese sector. Por otra parte, una rápida normalización de la postura monetaria en los Estados Unidos, una ruptura del consenso sobre la política fiscal en ese país o un recrudecimiento de la crisis fiscal y financiera en Europa, plantean la amenaza de generar una fuga de capital. En ambos casos, el ajuste del déficit a la financiación externa disponible puede requerir una reducción de la demanda interna, que amenace desacelerar el crecimiento. Por fortuna las autoridades cuentan con un régimen de tasa de cambio flexible y con un cuantioso saldo de reservas internacionales para suavizar el ajuste originado por choques externos de esta naturaleza, lo cual les permitirá minimizar sus efectos perturbadores sobre la actividad económica y el empleo.

Con el propósito de afirmar la sostenibilidad de la cuenta corriente en el mediano plazo es deseable que los sectores deficitarios reduzcan su desbalance o que algunos generen superávit. Para lograrlo se requiere mejorar su competitividad. Con este propósito es menester eliminar el rezago en infraestructura, mejorar la calidad de la educación, remover las trabas institucionales para la inversión privada –el incumplimiento de los contratos, la corrupción y el exceso de trámites– y las distorsiones regulatorias y normativas en los mercados de bienes y de factores. En el mercado laboral es imprescindible continuar desmontando los costos laborales no salariales. Con ello se puede reducir el costo del trabajo, lo cual genera una devaluación de la tasa de cambio real. En el mercado de servicios financieros todavía se necesita quitar los topes a las tasas de interés y desistir de la tentación de imponer controles de precios, que en lugar de ampliar la oferta generan desabastecimiento, excesos de demanda y exclusión.

La mayor competitividad de los sectores transables no se logra renunciando a ampliar el acceso a los mercados externos, al suspender la firma de tratados de libre comercio, sino aumentando la productividad de la economía.

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Edición 912 | La banca colombiana en 2013: un ejemplo de solidez y eficiencia

Debido a un entorno internacional adverso, que implicó un aumento del riesgo financiero para Colombia y una desvalorización de los activos financieros, especialmente la deuda pública, los resultados para la banca en términos de utilidades han perdido dinamismo. A pesar de ello, la banca sigue cumpliendo con su función de adecuada irrigación de crédito a toda la economía, la solvencia se mantiene sólida en presencia de nuevos requerimientos de capital y los riesgos lucen contenidos.

La actividad crediticia ha compensado en parte la desvalorización de las inversiones, por lo que los indicadores de rentabilidad se mantienen positivos y estables, (ROA -1,96%- y ROE -14,93%-), por lo que no se espera que esto se revierta en los próximos periodos.

La fortaleza de la banca recae sobre su capacidad para continuar desarrollando su actividad en un ambiente de costos cada vez más bajos, no solo de operación sino también en los relacionados con la prestación de sus servicios, tarea que se ha venido realizando adecuadamente y que se traduce en un indicador de eficiencia cada vez más bajo. Esta tendencia se mantendrá en el segundo semestre de 2013, pues no se esperan deterioros en las condiciones de la actividad bancaria o de la economía.

El crecimiento de la cartera en lo corrido del año se encuentra siguiendo su tendencia de largo plazo y no se observan señales de un desbordamiento exagerado en el crédito que pueda afectar la estabilidad del sistema, lo que podría servir para establecer que el desempeño actual de la cartera puede interpretarse como una mayor profundización financiera. Bajo este escenario, Asobancaria estima que el crecimiento de la cartera para el cierre del 2013 se estabilice cerca al 15%.

El sistema bancario se ha fortalecido patrimonialmente gracias a la actual coyuntura en el mercado de crédito y los nuevos estándares propuestos por la regulación local. El patrimonio técnico (PT), el cual mide la fortaleza patrimonial, creció 23% en términos reales anuales, lo que implica un esfuerzo de capitalización cercano a los $10 billones. Lo anterior, es un indicio de que la banca cuenta con la suficiente solidez, no solo para continuar desarrollando su actividad sino también para contribuir a la estabilidad de todo el sistema.

Por todo ello, a pesar de que la tasa de crecimiento de las utilidades se ha reducido fuertemente, se puede considerar que el desempeño de la banca sigue siendo saludable, demostrado cómo su solidez le permite sobreaguar circunstancias difíciles sin transmitir las perturbaciones financieras al resto de la economía.

 

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Edición 911 | Competencia en la banca y beneficios para el país

En los últimos años la banca ha vivido una serie de cambios en su estructura, los cuales han sido promovidos por las condiciones del mercado, por los actores involucrados en el negocio, y por la regulación que ha venido delimitando el actuar de estas entidades.

En este sentido, la dinámica que ha vivido la banca en años recientes ha estado promovida por diferentes fenómenos que se han desarrollado de forma paralela, y que han sido determinantes para su estructura actual. Entre estos, se pueden distinguir: (i) la consolidación de la banca tradicional, (ii) la entrada de nuevos jugadores locales al mercado bancario, (iii) la llegada de entidades internacionales y (iv) la internacionalización de la banca local.

Esta refleja una estructura sólida, fomentada por la competencia, la cual, analizada desde cada uno de los componentes del balance, permite identificar una serie de beneficios para la sociedad en su conjunto. Por el lado del activo, se evidencia una mayor y mejor oferta productos y servicios; la reducción de costos reflejados en las tasas de colocación; el apoyo constante a las iniciativas del gobierno en temas de vivienda; la continua financiación desde la banca a la producción nacional y su contribución al mayor dinamismo y profundidad del mercado de capitales.

Desde el pasivo, los beneficios redundan principalmente en inclusión financiera, a través de: la oferta de productos innovadores como los monederos electrónicos; la promoción de nuevos canales no presenciales como la banca móvil; la reducción de cobros asociados a los servicios ofrecidos, e incluso la gratuidad de algunos de estos y la cobertura de casi la totalidad del país.

Esta dinámica ha generado un sector sólido, capaz de financiar de forma responsable el desarrollo del país. Esto se refleja en los altos niveles de solvencia de la banca, los cuales están por encima de los requerimientos legales, en los márgenes de intermediación y en la rentabilidad del sector, que, comparados con otros países de la región, revelan que aun en esto, la banca colombiana es altamente competitiva.

 

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