Edición 840 | ¿Qué se quiere privilegiar? Arreglo directo y voluntario de los conflictos o ejecución judicial

Cursa en el Congreso de la República una iniciativa parlamentaria, aprobada en primer debate en la Comisión Tercera de la Cámara. El proyecto busca modificar el Código Civil, en el sentido de eliminar la posibilidad de que deudores y acreedores pacten que los gastos que ocasiona el pago del crédito sean por cuenta del deudor. De igual manera, el proyecto propone adicionar al Régimen de Protección del Consumidor Financiero una norma que establecería que los gastos en que incurran las entidades financieras en materia de cobro prejurídico correrían por cuenta de la respectiva institución y no se podrían trasladar a los deudores.

Para todos los acreedores y en particular para el sistema financiero y el comercio, las modificaciones que se pretende introducir implicarían un desestimulo al cobro prejurídico y un incentivo al cobro judicial, puesto que solo se podría exigir el pago de la gestión de cobranza en caso de que se acuda a la jurisdicción civil para adelantar las acciones respectivas.

El incentivo a acudir ante los jueces incrementaría la congestión en la administración de justicia y en general la demora en todas las actuaciones judiciales, lo que a su vez implicaría un mayor costo para el deudor y para el acreedor.

De aprobarse el proyecto, se generaría una contradicción en el modelo de cobranza que pretende el Estado: por un lado se fomenta la conciliación y otros medios de solución directa y amigable de los conflictos y, por otro, se apoyarían iniciativas que van en sentido contrario.

Es una lástima que no se perciba que el cobro prejurídico es el mejor camino para lograr la normalización de las deudas y que su costo es sustancialmente menor si se compara con lo que el deudor debe pagar por cuenta de las costas en el proceso judicial. La puesta en marcha en Colombia del modelo de cobro temprano o prejurídico ha contribuido de manera importante a que el país cuente con uno de los indicadores de cartera vencida más bajos a nivel mundial y por tanto con uno de los sistemas financieros más saludables.

 

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Edición 839 | Los sistemas de compensación y liquidación: mitigantes de riesgos individuales, pero generadores de riesgo sistémico

Los sistemas de compensación y liquidación (SCL) son fundamentales para la estabilidad del sistema financiero, debido a que permiten asegurar que los agentes que intervienen en una operación puedan recibir los derechos y/o las obligaciones de su relación contractual. Sin embargo, el funcionamiento ineficiente de estos sistemas puede conducir a serios problemas que pueden desencadenar crisis financieras, en casos extremos, mediante la afectación del normal desarrollo de las transacciones de una economía.

El importante papel que han asumido estos sistemas ha servido para disminuir el riesgo de las operaciones que se realizan en el sistema financiero. Uno de los casos más representativos se dio durante la reciente crisis internacional, debido a que estos sistemas permitieron disminuir las crecientes pérdidas en la mayor parte de mercados.

En Colombia, el desarrollo que han presentado los SCL ha estado vinculado al progreso que ha presentado el mercado de valores. Adicionalmente, han contribuido en gran medida a la profundización de los volúmenes negociados en los mercados que tienen un SCL (divisas, derivados y commodities), gracias a la eficiencia que han ganado los agentes en la administración de los cupos de contraparte.

En vista del importante rol que cumplen, las autoridades internacionales han remodelado la regulación para actualizar y generar estándares que mejoren el desempeño de estas infraestructuras dentro del sistema financiero. Sus esfuerzos se han orientado a fortalecer el marco legal y prudencial. Sin embargo, la ola de recomendaciones promueve que cada vez mas operaciones lleguen a los SCL para su liquidación, lo cual genera la necesidad de otorgarles mayor protección, de forma que la herramienta de mitigación de riesgos individuales, no se vuelva más adelante un riesgo sistémico para la economía.

Por esa razón, en esta Semana Económica resaltamos la propuesta que recomienda que el banco central se convierta en proveedor de liquidez de los SCL, porque de esta forma se estaría definiendo un plan de continuidad para la liquidez del mercado de valores colombiano.

 

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Edición 838 | Panorama del sector externo

Los resultados del sector externo colombiano fueron excelentes en 2011. Gracias a un ambiente internacional benigno la mayor parte del año, los ingresos corrientes y de capital aumentaron más rápido que los egresos correspondientes, de manera que la liquidez y la solvencia externa mejoraron en una magnitud apreciable. La acumulación de reservas internacionales fue cuantiosa. Con base en ella su saldo ascendió a un máximo histórico. Durante el año la deuda externa permaneció en la tendencia decreciente que sigue desde 2004. Por tanto, la vulnerabilidad de la economía a choques externos disminuyó. Los elevados precios de las materias primas exportadas sostuvieron unos términos de intercambio muy favorables, con base en los cuales el ingreso nacional aumentó y se dinamizó el crecimiento. El país recuperó el grado de inversión. Las primas de riesgo soberano permanecieron muy bajas, a pesar de la turbulencia internacional desatada por el empeoramiento de la crisis fiscal −y financiera− en Europa y por la falta de consenso en el Congreso sobre la política fiscal en Estados Unidos. Los ingresos por exportaciones de bienes aumentaron a una tasa muy rápida, con base en el mayor valor de las ventas de productos tradicionales. Este se incrementó sobre todo por sus crecientes precios internacionales. Las no tradicionales repuntaron del estancamiento que sufrían desde 2009. Las importaciones también crecieron de forma veloz, pero menos que las exportaciones. En consecuencia, aumentó el superávit comercial. Este contribuyó a evitar una profundización del déficit en la cuenta corriente, con lo cual no aumentó la exposición a los riesgos externos.

A pesar de estos desarrollos afortunados, surgieron algunas amenazas. La plétora de ingresos externos, provenientes en buena parte del auge minero energético, sostuvo la fortaleza del COP. Esta genera el grave peligro de deteriorar la competitividad de los demás sectores de la economía y de estimular el gasto en bienes no transables. Por tanto, entraña el riesgo de generar una reasignación de recursos en detrimento de los sectores transables diferentes de los de minas e hidrocarburos –la industria y el agropecuario−, que en ese evento perderían participación en el producto en el mediano plazo, con efectos adversos para el empleo. De esta manera, se mantuvo la propensión al contagio de la enfermedad holandesa. Además, la composición de las exportaciones continuó concentrándose en los productos primarios. Al mismo tiempo, persistió la poca diversificación del destino de las ventas externas en Estados Unidos y Europa, de donde proviene también la mayor parte de la inversión extranjera y de las remesas. Esta poca variedad de los mercados y las fuentes de los ingresos externos hace que éstos queden muy expuestos al desarrollo de la crisis en ciernes en esos países, o en todo caso a su lento crecimiento esperado.

Es preciso entonces reiterar que para mitigar el riesgo de contagio de la enfermedad holandesa se requiere mejorar la competitividad de la economía y suavizar la apreciación del tipo de cambio, mediante la generación ahorro público en la parte ascendente del ciclo, la eliminación del rezago en la infraestructura, la remoción de las distorsiones en los mercados financieros y en el laboral, una reforma tributaria estructural y una mejora institucional que erradique la corrupción y asegure un cumplimiento más eficiente de los contratos.

 

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Edición 837 | Educación financiera para niños y jóvenes en escuelas

La educación financiera es una habilidad indispensable en la vida de todos los ciudadanos. Tomar decisiones financieras informadas y responsables incide de manera positiva en el bienestar de todos, por el contrario, actuar sin conocer ni entender el funcionamiento de los diferentes productos y servicios financieros, puede hacer que las personas incurran en excesivos costos, asuman riesgos innecesarios y sean víctimas de fraude con facilidad. Es por eso que países en distintas latitudes se encuentran diseñando e implementando programas de educación financiera que se imparten a través de los sistemas de educación formal.

En 2005, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD, por sus siglas en inglés), en su documento Recomendaciones de principios y buenas prácticas para la educación financiera señaló que “la educación financiera debía comenzar desde el colegio. Las personas deben ser educadas sobre asuntos financieros lo más temprano posible en sus vidas”. Dos son las razones principales de esta recomendación: por un lado, la importancia de enfocarse en los niños y jóvenes y, por otra, la eficiencia de proveer la educación financiera en colegios.

A la hora de incluir la educación financiera en los programas curriculares existen desafíos de peso como son la resistencia de los educadores frente a la inclusión de áreas de estudio adicionales en unos programas curriculares “saturados” de contenidos y la ausencia de información en el país sobre el nivel de alfabetización de sus ciudadanos. Este último impide a educadores, investigadores, ejecutores de programas de educación financiera y gobiernos determinar su estrategia y prioridades a partir de las necesidades y vacios identificados. Conscientes de la necesidad de contar con mediciones globales, la OCDE incluirá por primera vez este año en las pruebas PISA, que se aplican a jóvenes de 15 años en más de 65 países, un componente de educación financiera.

Anticipándose a las necesidades y vacíos que seguramente PISA mostrará la banca colombiana está comprometida con promover de manera decidida todos los esfuerzos que se hagan por lograr que la educación financiera se convierta en una prioridad social, económica y política para el país. Para ello, Asobancaria, en representación del sector bancario colombiano, decidió incluir dentro de su Programa Gremial de Educación Financiera “Saber más, ser más”, una línea de acción dirigida a apoyar a las entidades del sector público, y en particular, al Ministerio de Educación Nacional, en el proceso de inclusión dentro de las competencias básicas y ciudadanas de los programas curriculares, el componente de educación financiera, facilitando recursos y prestando asesoría y asistencia técnica.

Para las entidades del gremio, este es sin duda, el camino más efectivo para lograr aumentar los niveles de alfabetización financiera en el país. Entre más temprano se inicie el proceso educativo en temas de finanzas y economías, más fácil será inculcar hábitos financieros responsables en los ciudadanos.

 

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