Edición 833 | El papel y las responsabilidades de la banca: más allá de la intermediación financiera

La principal actividad de las entidades bancarias es la intermediación financiera, mediante la captación de los excedentes de liquidez en la economía y la colocación de recursos, principalmente, por medio de créditos otorgados al público. No obstante, la banca privada ha adquirido otras obligaciones con el gobierno, las autoridades y la población, que no son propias de la operación bancaria pero han representado altos niveles de inversión para las entidades.

Las responsabilidades de los bancos han trascendido más allá de su objeto social, volviéndose un aliado estratégico para el gobierno por su eficiencia en el desarrollo de actividades propias de las instituciones estatales como el recaudo de impuestos, el manejo de los recursos públicos destinados para salud y el pago de los aportes a la seguridad social. Asimismo, han sido constantes los esfuerzos realizados por los bancos para garantizar a los clientes y usuarios bancarios, seguridad física e informática y la frecuente creación de programas de educación básica y financiera.

El recaudo de impuestos es un proceso importante para las finanzas del Estado y de la población en general. Los establecimientos bancarios han sido unos aliados estratégicos para las instituciones estatales encargadas de estos procesos, gracias a los canales puestos a disposición de los contribuyentes para cumplir con sus obligaciones tributarias y al capital humano encargado de procesar toda la información que, posteriormente, es reportada a los entes estatales.

Otra de las grandes tareas en las que las entidades financieras se han convertido en un colaborador del Estado es la relacionada con el flujo y control de los recursos públicos. Existen diferentes mecanismos y herramientas que ayudan en estas tareas. Dentro de estos se encuentran las “cuentas maestras” del Sistema General de Seguridad Social en Salud, la Planilla Integrada de Aportes y la dispersión de pagos y subsidios.

La inseguridad ciudadana ha tocado las puertas de los bancos, situándolos en la condición de colaboradores de las autoridades para evitar al máximo los robos y fraudes cometidos contra los usuarios y clientes bancarios, y en ocasiones como víctimas. Asimismo, el lavado de activos y la financiación del terrorismo son flagelos que han tenido que enfrentar las entidades financieras. Sobre estos asuntos, es importante recalcar la necesidad del trabajo mancomunado entre diferentes sectores, actores y autoridades.

Por su parte, los bancos se han comprometido con la sociedad para propender por una mejor educación financiera. Para esto, además de diseñar programas de educación financiera para mejorar los hábitos transaccionales de los clientes y usuarios del sistema bancario, el sector financiero ha sido un actor importante para trabajar con los órganos rectores en la educación financiera desde la misma infancia.

 

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Edición 832 | Perspectivas económicas para 2012

El año que termina fue bueno para la economía colombiana. El producto interno bruto aumentó por encima de la tasa potencial y la brecha se cerró hacia el final del año. Una rápida expansión del crédito, favorecida por abundantes flujos externos y una postura monetaria laxa, contribuyó a financiar la expansión de la demanda interna. Respondiendo al dinámico ritmo de actividad económica, la tasa de desempleo disminuyó cerca de un punto porcentual. Surgieron presiones inflacionarias por un choque de oferta, pero se espera que se cumpla la meta de inflación. La aversión al riesgo en los mercados internacionales y la preferencia por activos seguros, depreciaron el COP y estabilizaron el auge que había en los activos domésticos, con excepción de la vivienda, que continuó valorizándose. Para alinear de las expectativas de inflación respecto de las metas, prevenir un auge del consumo, evitar un desbordamiento del crédito y un sobreendeudamiento de los hogares, el BR comenzó el tránsito a una postura neutral, elevando su tasa mínima de expansión 175 pb.

Sin embargo, las perspectivas para el año entrante son inciertas por el riesgo de sufrir otra crisis financiera internacional y una segunda recesión mundial. Por fortuna la economía luce preparada para asimilar un choque externo. Está macroeconómicamente mejor balanceada que en anteriores episodios de crisis internacionales, su solvencia externa mejoró y su liquidez en moneda extranjera es holgada. Por otro lado, su sistema financiero es solvente, tiene suficiente liquidez, la calidad de la cartera es excelente y su cobertura amplia. Además, el mecanismo de transmisión de la política monetaria funciona muy bien.

En estas circunstancias, si se materializan las amenazas de crisis financiera y recesión mundial, el crecimiento del PIB colombiano se desaceleraría de todas maneras, pero posiblemente menos que en ocasiones anteriores. Quizá la principal duda en este sentido sea el poco espacio con el cual cuentan las autoridades para implementar estrategias contra-cíclicas, debido a que se demoraron mucho en retirar los estímulos implementados para sostener la demanda interna en la recesión de 2008-2009.

Si las autoridades europeas y americanas, junto con los organismos multilaterales, evitan la crisis financiera y la recesión mundial, entonces es probable que la economía colombiana deba enfrentar riesgos de sobrecalentamiento, porque continuaría creciendo por encima de su tasa potencial. En este caso, parecería prudente que el BR considerara acelerar el tránsito a una postura monetaria neutral y que el Gobierno pensara en retirar el estímulo fiscal.

 

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Edición 831 | La vivienda como motor de crecimiento

La construcción de vivienda es un motor determinante del crecimiento y la generación de empleo. Por esta razón, diferentes gobiernos la han utilizado para estimular la economía. Durante la última recesión en 2008-2009, el Gobierno Nacional implementó una estrategia contra-cíclica que tuvo como uno de sus bases al sector de la vivienda. Los buenos resultados de este sector en 2011, así como los observados en los dos años anteriores, son una prolongación de los efectos de esa estrategia, que se basó en el subsidio a la tasa de interés de los créditos y en los bajos niveles de ésta. En conjunto, estos dos factores impulsaron la demanda.

Siempre que hay un impulso a la política de demanda es necesario que sea acompañado por un esfuerzo similar por el lado de la oferta. En caso contrario, el desbalance puede llevar a un elevado aumento de los precios de la vivienda. En la actualidad, varios analistas y las mismas autoridades han llamado la atención sobre la posibilidad de que se esté gestando una burbuja en este mercado. Claramente este no es el caso de Colombia: el nivel de inventarios de vivienda es reducido, el endeudamiento de los hogares en vivienda es bajo, la cartera hipotecaria tiene una participación baja en la cartera total y frente al PIB y, finalmente, los niveles de cartera vencida están en su relación más baja en la historia.

Además del potencial de la política de vivienda como motor de crecimiento económico, ésta debe responder a las necesidades sociales de la población colombiana. Invertir en vivienda contribuye a disminuir la pobreza y a generar mayor estabilidad social. Esta política se basa en tres pilares: ahorro, crédito y subsidio para la adquisición de viviendas nuevas. Insuficiencias en cualquiera de los tres pilares dificultan que las familias logren el cierre financiero. En Colombia los dos primeros tienen rígidas limitaciones estructurales. Los hogares más pobres tienen una escasa capacidad de ahorro por su bajo ingreso y su acceso al crédito formal es muy difícil, por la insuficiencia de garantías e información crediticia. Por eso el subsidio constituye la variable determinante de la ecuación, que puede facilitar o no el acceso a la vivienda.

El éxito de la política del Gobierno Nacional depende de los recursos que se inviertan en el sector; del aumento en la efectividad de su desembolso, que a su vez involucra decisiones y recursos no solo del nivel nacional sino también del territorial; de que se establezca claramente la magnitud, las fuentes y los instrumentos para encausar los recursos; y de superar las limitantes que hoy enfrenta la oferta, principalmente en materia de precios del suelo urbanizado. Para facilitar la canalización y potenciar la magnitud de los recursos sería deseable, desde ya, estructurar y definir un instrumento eficiente, como lo fue el FRECH, para ser utilizado cuando el país lo requiera. Esto es especialmente cierto en la coyuntura actual, cuando existe una gran incertidumbre sobre el desarrollo de la crisis financiera en Europa y los efectos que pueda tener sobre la economía colombiana.

 

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