Edición 830 | Los dilemas de la política monetaria

Las discusiones recientes de la JDBR dejan entrever una gran incertidumbre sobre el curso que debe tomar la política económica en el futuro próximo.

Por un lado, el riesgo de default de la deuda soberana de los países denominados PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España) han afectado las expectativas económicas de las economías industrializadas. Los indicadores adelantados tanto de oferta como de demanda de dichas economías han tenido un notable deterioro en los últimos meses.

La incertidumbre internacional se ve agudizada por las dudas sobre la capacidad de los líderes políticos para enfrentar la situación económica, las cuales han generado desconfianza respecto a la capacidad de la Unión Monetaria Europea para sobrevivir la crisis de la deuda. En Estados Unidos no se alcanza el acuerdo político para lograr el ajuste fiscal. El común denominador parece ser la inhabilidad política para concretar ajustes fiscales, en Estados Unidos por la polarización política entre demócratas y republicanos, y en Europa por los desacuerdos interestatales sobre cómo sobrellevar la carga de la deuda de los países altamente endeudados.

Por esas razones parece cada vez más cierto que en 2012 Colombia enfrentará un contexto económico global desacelerado, e incluso recesivo, que muy seguramente afectará el desempeño económico del país. De hecho, ya se ha visto reflejado en los precios de algunos de los principales activos financieros.

Por otro lado, la actividad económica local ha mostrado un fuerte dinamismo luego de superar los efectos de la crisis internacional de 2008. Dicha situación ha estado acompañada por un repunte de la inflación y algunos indicios de recalentamiento de la actividad. Estas (y otras) señales sugieren que la postura expansiva de la política monetaria debe cesar.

De esta manera, la política monetaria se debate entre dos aguas: por una parte, la incertidumbre del entorno internacional, y por otra, la solidez del desempeño doméstico.

A nuestro juicio, el reciente aumento de 25 puntos básicos que dejó la tasa de intervención en 4,75%, no solo era indispensable, sino que probablemente no será el único. Se ha especulado sobre el uso de las llamadas medidas macroprudenciales. Sin embargo, nosotros favorecemos una política monetaria más basada en el manejo de la tasa de interés que en medidas macroprudenciales adicionales a las ya tomadas.

 

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Edición 829 | Nuevas tendencias en administración de riesgos y algunas consideraciones locales

. La actual crisis financiera que afecta a los países europeos y Estados Unidos ha planteado importantes cambios para los formuladores de política alrededor del mundo. Colombia no debe ser ajena a la ambiciosa agenda legislativa que ha surgido en Estados Unidos y Europa como respuesta a la crisis financiera, así como el nuevo marco propuesto por Basilea. Los mayores requerimientos de capital y su calidad, los controles y sistemas propuestos para supervisar entidades sistémicamente importantes, y los limitantes sobre los esquemas de banca universal, entre otras medidas, seguramente servirán de referente para nuestra regulación.

También se han presentado eventos en el orden social, los cuales demandan de las autoridades y las entidades una sensibilidad especial y respuestas innovadoras frente a una serie de riesgos que adquieren mayor relevancia. El esfuerzo local por identificar los riesgos presentes en el sistema financiero no se debe orientar solamente hacia los criterios operativos, de mercado y crediticios. Los actuales cambios sociales originados en el fenómeno de la globalización han implicado una creciente sensibilidad frente a temas ambientales, catastróficos y reputacionales, así como un rechazo creciente a todo tipo de prácticas corruptas. Una gestión moderna de los riesgos debe incluir todos estos „nuevos riesgos‟, con el fin de abarcar a profundidad las amenazas a las cuales se ve sujeta, y responder a las demandas de la sociedad.

Finalmente, a partir de este marco se exploran las actuales reformas locales que están surgiendo, con el fin de establecer cómo se encuentra la regulación del país frente a los importantes cambios que está teniendo el mundo. Específicamente, se exploran las consideraciones en materia de capital que puedan tener lugar en nuestro país, se evalúan las recientes reformas en el ámbito de liquidez y se hace un diagnóstico del proceso de implementación de Normas Internacionales de Información Financiera contemplado en la Ley 1314 de 2009.

 

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Edición 828 | ¿Para qué el TLC?

Dos décadas después de iniciada la apertura, la economía colombiana continúa cerrada, sus exportaciones poco se han diversificado y se concentran en unos pocos mercados. La falta de éxito radica, por una parte, en la alta protección que ha tenido toda la economía, junto con la excesiva que se ha otorgado a algunos sectores considerados “sensibles”. La poca competencia ha retrasado el progreso tecnológico y permitido a los empresarios nacionales obtener buenas rentabilidades produciendo ineficientemente para el mercado doméstico, sin preocuparse por incursionar en los externos. De esta manera, se ha impedido un mejor aprovechamiento de las ventajas comparativas y una asignación óptima de los recursos, al tiempo que se ha perpetuado una baja productividad. Además, por otra parte, la competitividad de la economía permanece estancada por las falencias de las instituciones, las distorsiones regulatorias en los mercados de factores – particularmente en el laboral y los financieros−, la falta de competencia en los mercados de bienes, la escasa capacidad innovadora y el retraso de la infraestructura de transporte.

En estas circunstancias, la aprobación del tratado de libre comercio (TLC) entre Colombia y Estados Unidos (EU) constituye una gran oportunidad para profundizar la apertura, mejorar la competitividad, acelerar el crecimiento económico y apurar el progreso social en nuestro país. Si se aprovecha plenamente, el TLC puede llegar a ser un vehículo para combatir la pobreza y mejorar el bienestar de la población colombiana, porque puede dinamizar la acumulación de factores productivos y el progreso tecnológico en Colombia, así como propiciar un conjunto de cambios institucionales favorables para su desarrollo económico. Un aprovechamiento cabal podría inclusive ayudar a prevenir el contagio de la enfermedad holandesa (EH), si se consigue modificar la composición de la oferta exportable, introduciendo una mayor proporción de bienes manufacturados.

Desafortunadamente la economía colombiana perdió la ocasión de prepararse mejor para la entrada en vigencia de este TLC. Por eso debe hacerlo ahora de una manera eficaz. Mucho ayudaría a este propósito llevar a cabo una serie de reformas estructurales que han sido secularmente postergadas por sus “costos políticos”. Sin duda el valor presente de las ganancias en crecimiento y bienestar que se obtendrían con las reformas supera en este momento su “costo” y cubre una mayor proporción de la población que la que se vería perjudicada por ellas.

 

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Edición 827 | El mercado monetario en Colombia

El mercado monetario es uno de los componentes del sistema financiero. Dentro de los beneficios que otorga se destaca la obtención de recursos a costos y con niveles de riesgo relativamente bajos. Allí los intermediarios financieros pueden negociar sus excesos o defectos de liquidez en plazos considerablemente cortos. Por todo lo anterior, comparado con el de deuda pública local, se puede describir como un mercado de liquidez de primer escalón, por lo que el banco central puede regular y administrar desde allí la liquidez de la economía, como una herramienta de política monetaria, tanto desde el lado de la cantidad de dinero como desde el lado del precio.

Sin embargo, en Colombia hay muchos indicios de que su funcionamiento no es eficiente. De una parte, hay señales de que las entidades deficitarias en liquidez tienden a acudir más al Banco de la República que a las entidades superavitarias para satisfacer sus necesidades. De esta manera, el emisor termina convertido en un intermediario de operaciones que deberían ocurrir directamente entre las entidades superavitarias y deficitarias en liquidez. Esto ha reducido de forma importante los cupos de contraparte entre entidades financieras, ya que es muy difícil competir contra el Banco, el cual da y recibe recursos con cero riesgo y a la tasa de política monetaria, que por naturaleza es la más baja para conseguir recursos.

Así mismo, se ha identificado un serio problema en la formación de precios, porque no siempre reflejan adecuadamente las condiciones del mercado. Pero más allá de no revelar información, el problema se encuentra en que no hay una curva de referencia de tasas de interés para el corto plazo. Los indicadores naturales del mercado monetario –Tasa Interbancaria (TIB), el Indicador Bancario de Referencia (IBR) y las tasas de negociación de los repos, simultáneas y TTV –no tienen tiene la capacidad de reflejar el costo de los recursos hasta un año. El IBR hasta el momento cuenta con dos puntos, el diario u overnight y el mensual, pero si el corto plazo se considera hasta un año, entonces hay un potencial de mercado muy grande que hay que explotar y por ende se está incurriendo en un costo de oportunidad bastante alto en los plazos en los cuales no hay referencia.

A lo anterior se debe añadir una serie de distorsiones que han hecho que los agentes se encuentran en un círculo vicioso que no les da razones para operar en ese mercado, ni correr riesgos allí. Es por eso que creemos que hay grandes problemas de incentivos. Se debe trabajar desde el mercado y el gobierno por generarlos, es decir, imprimir un shock de eficiencia suficientemente atractivo que borre completamente la percepción de inutilidad de este mercado.

 

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